La hora pragmática. Hay recuerdos referenciales en nuestra memoria particular como ciudadanos y en la de las empresas. Todos sabemos más o menos dónde estábamos durante el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, cuando ETA mató a Miguel Ángel Blanco o la tarde en que España ganó el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Y dentro de un tiempo, cuando nos llevemos las mascarillas al almacén más perdido de nuestra memoria, también nos preguntaremos dónde estábamos durante la pandemia y qué hicimos para superarla.

La pandemia ha puesto a las empresas ante su mayor reto global

La pandemia ha puesto a las empresas ante su mayor reto global en décadas. Suena a tópico en estos meses de ansiedad y de desazón, pero no lo es. Las marcas se enfrentan a un desafío antes que a cualquier otro: el de la supervivencia. Y, para superarlo, tienen a su vez que superar en un tiempo exprés otros tres sub-retos que tienen muy poco de secundarios.

Los tres sub-retos de las empresas 

En esta hora pragmática, las marcas y empresas se enfrentan a tres sub-retos que tienen que superar en un tiempo exprés.

Volver a ser competitivos y adaptarse a las nuevas circunstancias

En primer lugar, tienen que volver a ser competitivos y adaptarse a las nuevas circunstancias que vivimos para ser otra vez atractivos para sus clientes, que al fin y al cabo son los que les van a comprar los productos, bienes y servicios que les queréis vender y prestar.

Ser infinitamente más flexibles

En segundo lugar, tienen que ser infinitamente más flexibles en sus estructuras para poder manejarse en una crisis que les puede reventar por dentro si no son capaces de pasar, por usar una terminología al uso, de una estructura mental analógica a otra digital.

Saber comunicar esos cambios

Y, por último, en esta hora pragmática, tienen que saber comunicar esos cambios y trasladar a la sociedad que son empresas comprometidas con los principios y valores de la comunidad en la que desarrollan sus trabajos, para así mantener la conexión emocional surgida de la propia tragedia.

En suma: si quieren sobrevivir, tienen que ser más competitivas, más flexibles y más transparentes. Un tres en uno en el que les va la vida en ello.

Parece simple, pero no lo es. La literatura empresarial actual es proclive a dejarse llevar por la lírica y a hablar de las empresas con el lenguaje de los chamanes («Si yo puedo, tú puedes…» y demás frases reconfortantes propias de los libros de autoayuda), pero la situación, después del necesario empalago emocional del confinamiento, invita ya menos a la palabrería quijotesca propia de las novelas de caballerías y más a un discurso sanchopancista y pragmático orientado a la acción.

Es el momento de los prácticos, de pasar de la ola emocional a la oda más pragmática. Ya no toca sólo comunicar sentimientos y transmitir emociones, sino trasladar con los hechos del día a día que hemos sido capaces de entender el momento que estamos viviendo y que nos estamos adaptando a él para seguir siéndoles útiles a nuestros clientes, que es por lo que nos pagan. Es una cuestión de puro darwinismo. O te adaptas o te vas al rincón de pensar. Y el que antes lo entienda en el mundo de la empresa, más posibilidades tendrá de seguir contándolo el día que dejemos la pandemia atrás.