Ante la eventualidad de afrontar un gran cambio (ponle tú el nombre y el tamaño), la gran transformación, el nuevo Super Big Challenge, operar en un ecosistema, innovar en los modelos de negocio, cambiarlos, ampliarlos, sustituirlos, etc., hay un estado mental directivo individual y colectivo con el que afrontarlo: desde la experiencia de haber trabajado con numerosos Comités de Dirección, encuentro las mismas dificultades y resistencias en todos ellos. Comparto estas cinco ideas por si estuvieses en esa tesitura te puedan ayudar.

 

1.-Cuando un directivo sabe hablar de un tema asume que ya sabe de él, ¡negativo!  Abracemos con humildad la realidad de que no podemos saberlo todo, aunque tengamos palabras para hablarlo. Esta posición mental es un peligroso juego que te empuja hacia adelante pero no hacia tu objetivo (no hay que confundir ir hacia adelante con ir por el buen camino).

 

2.- Distinguir entre lo complicado y lo complejo: mezclar ambos conceptos y encarnarlos en una discusión de dirección agota, envilece el ánimo y desmonta la ilusión y el espíritu competente. Te pongo un ejemplo: los temas legales y tributarios son complicados, eso significa que son muy técnicos y difíciles de entender, pero si diseccionas los temas y te ayudas de la experiencia de tu equipo fiscal o de tus asesores, lo normal es que te presenten la solución.

Ahora bien, los temas de naturaleza compleja contienen la interdependencia de cuestiones que conoces con las que no conoces, más la incertidumbre (por ejemplo, COVID y economía macro e impacto en micro).  Ante la duda, ir al punto 1º.

 

3.-Si tienes una personalidad perfeccionista no estarás preparado para oír esto: deja a un lado tu perfeccionismo, ese con el que te castigas y castigas a los demás. Los problemas complicados tienen buena acogida perfeccionista, los problemas complejos no (egos, expertos y súper ejecutores no cuadran con construir aviones en vuelo, redefinir el foco en marcha, aceptar los errores, ser mentalmente flexibles).

 

4.- Cuidado con simplificar y acudir a soluciones para ayer: el abordaje de problemas complejos requiere ser capaz de diseccionarnos para ir extrayendo de cada parte lo medular, pero cuidado con simplificar y correr, cortando el nervio vital de las interdependencias entre todas las partes. Es el momento de tener el equilibrio entre la acción llena de brío y la disciplina intelectual para no perder la claridad de lo que es nuclear, sin dejarse nublar por los prejuicios cognitivos (si esto último te ha sonado extraño, te sugiero que te asomes a la Economía Conductual y sus valiosas conclusiones).

 

5.- Amplía el foco. La mayoría de las veces, poner pasión e intensidad en los proyectos complejos puede ser una fuente de frustración si los equipos y las personas no tienen mecanismos para desempacharse de sus propios cometidos. Ampliar el foco en problemas complejos requiere que te desapasiones de tus propias posiciones, desconfía de ti y ábrete a escuchar. Si no eres capaz de escuchar, ponte a servir a los demás y se te abrirán los oídos.

 

Volvamos al principio: el cambio, la innovación y las transformaciones pueden acogotarnos, se nos puede «hacer bola», si no hacemos una adaptación de mentalidad previa. Esa adaptación está al alcance de todos, y lo peor que puede hacerse es dejarla para luego.