La transformación digital también puede salir mal

Sobre todo, cuando no la haces

Tal vez les parezca una aseveración muy rotunda. Pero es cierta: la transformación digital no es una panacea, sobre todo si no se toma conciencia de que es un estado en permanente evolución. La transformación digital no consiste sencillamente en un remozado de la arquitectura IT, ni tampoco en la implantación de un software o en la contratación de una prestigiosa agencia de Marketing Digital. La transformación digital comienza cuando el CEO de la organización visualiza dónde quiere que esté su organización dentro de cinco años, con qué propuesta de valor y con qué posicionamiento.

Para responder a esta visión quizá debería preguntarse: ¿qué puedo hacer que no esté haciendo? ¿Qué es eso que si hiciera significaría conseguir una ventaja o una diferenciación sistemáticas? ¿Cuál es, en términos digitales, mi punto ciego?

Hágase las preguntas que siguen:

  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con la cultura de mi organización, con la comunicación interna o externa? ¿O con mi producto o servicio, con mi propuesta de valor, con la diferenciación de mi firma?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con el modelo organizativo, con la estructura, con las políticas o con los procedimientos de avance?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con la cohesión de mi equipo directivo, con la consistencia del proyecto, con las capacidades de los equipos?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con cómo me relaciono con mi cliente, con cómo resuelvo sus objeciones o si la satisfacción es la adecuada para sostener la actividad?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con la falta de solvencia financiera, con la inadecuada gestión de la caja, con la confusión de largo plazo con corto plazo?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con la falta de planificación financiera, bajo control de los presupuestos o incluso ausencia de los anteriores?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con los procesos trampa, con los reproches departamentales, con el cajón de ineficiencias?
  • ¿Esto que no estoy haciendo tiene que ver con la innovación o tiene que ver con las cosas que siempre se han hecho así?

Hay más cuestiones, pero arriba tiene algunas de las más importantes. Son tantas las preguntas que hay que hacerse, que a lo mejor no es sensato iniciar una transformación digital si antes no resuelve sus problemas de inconsistencia directiva, no vaya a ser que transforme digitalmente su propia inconsistencia.

Cuando la presión de la digitalización ha pasado de paulatina a sofocante, no parece sensato dar el paso adelante sin contar con la visión de profesionales externos, «desapasionados de la inconsistencia», profesionales que le ayuden a ordenar el cuarto cuando uno ya no es capaz de ello.  Repensar su estrategia, hacerlo con y desde sus equipos, cohesionar la relación entre los directivos, simplificar el lenguaje, bajar los egos, tirar de franqueza y asertividad; todas estas son formas de dictar ordenes que se conviertan en hechos.

La consulta con profesionales externos le ayudará a que los pasos previos queden bien determinados y a que cada responsable sepa cuál es su responsabilidad y qué grado de compromiso se le exige.

Entonces sí, plantearse la estrategia de transformación digital también puede salirle muy bien, y marcar una verdadera diferencia.