¿Hay suficiente pensamiento crítico en las empresas?

“Pensamiento crítico” es una expresión que se escucha por todas partes desde hace unos años. Sin embargo, su ámbito suele ser el civil o el político y no el empresarial, como si en las organizaciones, como se decía del valor en el ejército, se diera por supuesto. ¿Será que ya hay pensamiento crítico de sobra en las empresas?

Para poder responder a esa cuestión primero hay que decir qué es el pensamiento crítico. Primera dificultad, pues como ocurre con “talento”, “liderazgo”, “creatividad” y tantos otros conceptos, este también ha sido manoseado, y en muchas frases aparece completamente vacío, como una aspiración sin contenido.

¿Qué es el pensamiento crítico?

El pensamiento crítico es el conjunto de saberes y métodos que sirven para encontrar la verdad. La verdad, a su vez, es una cualidad de los juicios que significa “adecuación a la realidad”. De modo que el pensamiento crítico es el conjunto de medios de que disponemos para añadir verdad a nuestros juicios; para que lo que pensamos, decimos y planteamos (planes de negocio y marketing incluidos) se adecúe lo más posible a la realidad. Todo ello con el noble fin de acertar en nuestras decisiones.

Por lo tanto, el pensamiento crítico no es una mera actitud, sino un conjunto de saberes específicos. Es decir, no basta con cierta predisposición (humildad intelectual, apertura mental, etcétera), sino que hay que reunir una serie de conocimientos que requieren estudio y ejercicio. Hay que saber lo elemental sobre lógica, dialéctica y retórica, materias que tienen un recorrido de siglos al que se suman avances contemporáneos, y que en modo alguno nos resultan “innatas”. Deducción, correlación y causalidad: hay que desarrollar las habilidades que hay detrás de esas palabrejas. Es necesario también entender mínimamente cómo obtiene, manipula y almacena información el cerebro, y qué sesgos y disonancias acechan nuestras conclusiones.

¿Qué importancia tiene en el ámbito empresarial?

Pensar críticamente consiste en erigir esos edificios que llamamos argumentaciones, y sustituir, siempre que se pueda, las creencias por los hechos. Por encima de todo hay que distinguir cristalinamente las opiniones de los argumentos. La opinión es la moneda ínfima del pensamiento; no es más que afirmar una cosa. En cambio, un argumento implica que explicamos por qué la afirmamos, poniendo sobre la mesa las razones, buenas o malas, que nos conducen a nuestras conclusiones. En los consejos de administración y en los equipos directivos siguen abundando los arrebatos y las corazonadas que sepultan al pensamiento riguroso.

Desarrollar un pensamiento crítico supone no hablar de lo que se desconoce, exponerse a la crítica ajena y a cambiar de parecer al ser enfrentado a mejores argumentos. Esto no siempre es fácil en emprendedores y directivos de éxito, pues este éxito ciega y ensoberbece si uno no se entrena para evitarlo. “Conversar es una buena idea” —decía Jorge Wagensberg— “porque, en general, no ignoramos lo mismo”; para lograr eso hay que tener un plan personal contra la arrogancia.

La clave de bóveda del pensamiento crítico es el rigor, del que hay que destacar seis grandes aspectos. El primero es la facultad de dudar, esto es, no salir pitando, presos de la ansiedad, al llegar a esos sitios en los que descubrimos que no sabemos de algo. El segundo es una excelencia en el preguntar. Siguiente, una práctica de estudio sostenida en el tiempo; sin conocimientos, no hay crítica que no termine en pamplina. En cuarto lugar, ser riguroso es entender, como dice el médico y divulgador científico Ben Goldacre, que el plural de “anécdotas” no es “datos”. Quinto, requiere destreza a la hora de localizar las fuentes de información fidedignas. Por último, hay que embarcarse en una guerra a muerte contra el prejuicio.

10 consejos para aumentar el pensamiento crítico en las organizaciones

  1. Formar al personal en argumentación, exposición y sesgos.
  2. Promover la conversación abierta evitando que la jerarquía se imponga.
  3. Luchar contra la toxicidad y el ego.
  4. Fomentar la aventura de buscar la verdad.
  5. Debatir las cuestiones, en vez de votarlas.
  6. Elaborar informes, justificaciones escritas y razonadas, y decidir sobre ellos.
  7. Promovamos las exposiciones sin PowerPoint (un asesino nato del pensamiento crítico)
  8. Crear una cultura de “dialogar es trabajo” (¡porque lo es!)
  9. Habilitar vías para el autoconocimiento, para desbaratar los prejuicios propios y nuestros errores.
  10. Crear procesos y adoptar metodologías para el pensamiento crítico (existen y son muy valiosas).

 

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“Donde tenemos razón no pueden crecer flores”, escribió el poeta Yehuda Amijai. Como toda habilidad profunda, el pensamiento crítico se entrena, y la base de ese entrenamiento es entender que la verdad no es algo que se pueda poseer, pero sí amar. Hoy hay demasiados directivos enfrascados en el día a día, convencidos de que su realidad —su empresa, su negocio— es única, y con serias dificultades para procurarse conversaciones reveladoras y cada vez menos tiempo para la lectura. Saber que, si uno dirige o emprende, tiene el deber de entrenar su pensamiento crítico sin descanso, es fundamental para alcanzar un gran nivel en la materia.

En Strategyco contamos con una metodología propia (SkillYou©) para medir y evaluar las habilidades profundas, entre ellas el pensamiento crítico, mediante un sencillo cuestionario. Con ello, diagnosticamos debilidades y fortalezas en habilidades profundas y trazamos planes de acción a corto, medio y largo plazo para atraer y retener al talento, transformar líderes y organizaciones y maximizar sus resultados. Si quieres más información, contacta con nosotros.

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